PD: Empieza a olvidarse, pero hubo siglos en España en los que una simple frase decía todo sobre tu fe mariana:
«Ave María Purísima» – «Sin pecado concebida». Aquello era casi una declaración de principios.
1️⃣ El saludo se extendió en el ámbito hispano, sobre todo en el confesionario. Resumía en dos palabras la convicción de que María había sido preservada del pecado original, cuando aún no existía una definición dogmática.
2️⃣ Durante la Edad Media y la Edad Moderna, la cuestión estaba abierta: ¿fue preservada desde el primer instante o santificada después? Mientras los teólogos debatían, el pueblo cristiano ya vivía profundamente "inmaculista".
3️⃣ En este clima aparece un franciscano del siglo XIII decisivo: el beato Juan Duns Scotus. Su explicación fue brillante: María también es fruto de la redención de Cristo, pero de manera preventiva. Dios puede aplicar por anticipado los méritos del Hijo. Si Dios podía y convenía para la dignidad de la Madre, entonces lo hizo.
4️⃣ Por otro lado, muchos dominicos —siguiendo la interpretación que entonces se hacía de santo Tomás— no aceptaban esta posición, temiendo comprometer la centralidad absoluta de Cristo Redentor. De ahí nacieron tensiones fuertes entre defensores y detractores de la Inmaculada Concepción.
5️⃣ España, sin embargo, abrazó esta verdad con pasión. Ciudades, universidades, órdenes religiosas y hasta la propia monarquía hicieron votos inmaculistas. La devoción era tan intensa que, en 1760, la Inmaculada fue declarada patrona principal de España.
6️⃣ En ese ambiente, el «Ave María Purísima» funcionaba como contraseña. Si al entrar en una casa, un convento o un confesionario no respondías con claridad «sin pecado concebida», eras recibido con cierta desconfianza. Se entendía que un buen español veneraba la Concepción Inmaculada de María.
7️⃣ La disputa llegó a tal extremo que, en algún momento, se intentó moderar incluso el lenguaje para evitar tensiones. Pero no sirvió de mucho: el pueblo siguió proclamando con entusiasmo su amor a la Virgen Inmaculada.
8️⃣ Con el paso del tiempo, la fe del pueblo, la reflexión teológica de Scotus y la tradición litúrgica prepararon el terreno. Finalmente, en 1854, se definió solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción: María fue preservada de toda mancha de pecado original en previsión de los méritos de Cristo.
9️⃣ Así que recuperar hoy el «Ave María Purísima – sin pecado concebida» no es nostalgia. Es recordar que Dios actúa con delicadeza, que María es toda de Cristo desde el primer instante y que la fe sencilla de nuestros mayores también supo hacer teología sin necesidad de grandes tratados.
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