PD: Ayer se celebró a una madre de familia que entendió que la santidad no se divide: o es total, o no es.
No fue religiosa. Fue esposa, madre, viuda… y fundadora.
1️⃣ Beata Rafaela de Ybarra y Arambarri de Vilallonga nació en Bilbao en 1843. Se casó, tuvo siete hijos y vivió una intensa vida familiar en una sociedad marcada por fuertes cambios sociales.
2️⃣ La muerte de su esposo fue un punto de inflexión. Lejos de encerrarse en el dolor, transformó su viudez en misión. Descubrió una realidad dramática: jóvenes trabajadoras expuestas a ambientes moralmente peligrosos y sin apoyo.
3️⃣ Fundó la Congregación de los Santos Ángeles Custodios, dedicada a proteger y formar a niñas y jóvenes en riesgo. No fue una obra improvisada, fue respuesta concreta a una necesidad concreta.
4️⃣ Su espiritualidad era profundamente eucarística y confiada en la providencia. No era activismo social. Era caridad nacida de la oración.
5️⃣ Fue incomprendida y sufrió contradicciones, incluso dentro del ámbito eclesial. La santidad nunca está exenta de purificación. Pero permaneció firme, obediente y confiada.
6️⃣ Murió en 1900. Fue beatificada por San Juan Pablo II en 1984, reconociendo en ella un modelo de santidad laical femenina en el corazón del mundo.
7️⃣ Su vida nos recuerda algo esencial: la vocación matrimonial no es una santidad de segunda categoría. Desde el hogar se puede transformar la sociedad.
8️⃣ También enseña que la caridad auténtica no se limita a la limosna. Educa, protege, forma, acompaña. Va a la raíz del problema.
9️⃣ En tiempos de fragilidad familiar y de desorientación juvenil, su figura es actualísima. La santidad empieza en casa, pero no termina ahí.
Pidamos su intercesión para que muchas familias descubran que su vida ordinaria puede ser camino real de santidad.
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