PD: Ayer celebramos la solemnidad
de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los Cielos. Jesucristo es Dios
quien se hizo hombre para morir en la Cruz y así salvar a la humanidad
pecadora. El Señor resucitó, y luego de 43 días ha ascendido a los
cielos, es decir, volvió a casa. El pertenece al Reino de los Cielos, y vuelve
a su casa no solo como verdadero Dios, sino también como verdadero hombre.
Jesucristo habló a sus discípulos
(y a todas las personas que escuchaban su predicación) del Paraíso. El Señor
describe el reino de los cielos como un lugar de felicidad eterna. La metáfora
que varias veces usa es aquella del banquete de bodas. El Cielo es como un
banquete de bodas que no termina más. Uno puede imaginárselo al Cielo de muchas
maneras. Sin embargo el Apóstol San Pablo dice: “Nosotros anunciamos, como dice
la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que
Dios preparó para los que lo aman” (1 Cor 2, 9). Nosotros no sabemos como es el
Paraíso, ya que jamás hemos estado allí. Lo que sí, sabemos que la máxima
felicidad en la tierra no es nada comparado con la mínima felicidad en el
paraíso. Nosotros podemos imaginar los momentos de nuestras vidas en los cuales
fuimos muy felices, cuando nació el primer hijo, cuando encontramos a una
persona amada luego de tanto tiempo, cuando recibimos una hermosa noticia que
nos hizo llorar de alegría, etc. Esa felicidad no es nada comparado con la
felicidad que tendremos en el paraíso.
Dios se hizo hombre para morir en
la cruz por nuestra salvación y de esa manera, abrirnos las puertas del
paraíso. Así como Cristo, luego de su resurrección, subió a los cielos en
cuerpo y alma, Él mismo prometió que todos aquellos que fuesen fieles a los
mandamientos divinos tendrán parte con Él en su felicidad eterna.
Hoy en día, lamentablemente, mucha gente perdió el hambre de ir al cielo. Podemos perder el hambre de ir al cielo por muchos motivos. Uno puede perder el hambre de ir al cielo por el hecho de que está muy apegado a los bienes materiales. Bill Gates, uno de los hombres más ricos del mundo que se declara agnóstico dice: “Si el cielo existiese, realmente esto me dejaría muy sorprendido”. Los hombres que poseen tanto dinero y poder no se dan cuenta que eso no es nada comparado con el Paraíso. Cambiar el cielo por este mundo es como cambiar agua por veneno. El mundo no es nada comparado con lo que Dios le tiene preparado a sus hijos fieles. Uno puede perder el hambre de ir al cielo por muchos motivos, sea por el apego al mundo, por el apego al dinero, por el apego a cosas que no son Dios. Sin embargo, la victoria más grande que Satanás ha logrado sobre los hombres es hacerles creer que todos nos salvamos. Satanás nos miente diciéndonos que no importa que es lo que hagamos, YA ESTAMOS TODOS SALVADOS.
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