PD: Me ha encantado esto de Eva Galan:
Estoy comiendo y en la mesa de al
lado hay un padre con su hijo pequeño.
El niño no para de hacerle
preguntas. Y él responde a todas. Sin mirar el móvil ni una vez.
Al levantarme le digo: “Qué
paciencia tiene usted”.
Me mira y responde algo que me
dejó pensando…
“No es paciencia. Es que sé que
algún día dejará de preguntarme.”
Me cuenta que tiene otros dos
hijos mayores.
Uno vive fuera. El otro trabaja y
tiene su propia vida.
Los ve, hablan y se llevan bien.
Pero ya no le dicen “papá, mira
esto” veinte veces al día.
Y me dice:
“Cuando son pequeños darías
cualquier cosa por cinco minutos de tranquilidad. Cuando crecen, darías
cualquier cosa por recuperar cinco minutos de aquel ruido.”
Quizá nuestros hijos no necesitan
que les demos tantas cosas.
Quizá necesitan que dejemos de mirar otras cosas mientras todavía nos están mirando a nosotros.
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