PD: En el Día de Todos los Santos
que acabamos de celebrar, la Iglesia nos recuerda que nuestra historia no
termina en una tumba.
Que el Cielo existe. Que la
muerte no tiene la última palabra. Que detrás de cada despedida hay una
esperanza que Cristo nos regaló con su Resurrección.
Y que todos esos santos que hoy
celebramos también tuvieron miedo. También lloraron. También conocieron la
soledad, el sufrimiento, las tentaciones y las noches en las que parecía que
Dios guardaba silencio.
No fueron santos porque nunca
cayeran, sino porque nunca dejaron de buscar a Dios.
Quizá hoy estés atravesando uno
de esos momentos en los que cuesta encontrar sentido a lo que sucede. Quizá
eches de menos a alguien, tengas el corazón roto o sientas que tu fe se está
apagando.
Pero recuerda algo: Dios no te ha
creado únicamente para sobrevivir a esta vida. Te ha creado para vivir
eternamente junto a Él.
Y cuando llegue el día de nuestro
último suspiro, no importará cuánto dinero acumulamos, cuántas personas nos
admiraban o cuántos éxitos conseguimos.
Importará cuánto amamos. Cuánto
perdonamos. Cuánto de nuestra vida entregamos a Dios y a los demás.
Porque el mayor éxito de nuestra
existencia no será conseguir todo lo que el mundo nos prometió.
Será llegar al Cielo y descubrir que, después de toda una vida buscándolo, Jesús nos estaba esperando con los brazos abiertos.
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